No
me agrada tener que levantarme en este lugar, hubiera preferido mil veces
escuchar los gritos escandalosos de mi padre como lo había hecho todos los días
de mi niñez, este lugar me enfermaba y no había mucho por donde distraerse, no
a menos de que un maldito enfermero me siguiera a mis espaldas.
Tardaron
mucho en traerme aquí, no es que no se hubieran dado cuenta antes, solo que
necesitaban un detonante para ver mi debilidad, nunca lo tuve hasta que supieron
que no debía estar donde ellos, no había lugar para mí, porque yo no era como
ellos.
-¿Escuchaste
los nuevos rumores? Dicen que está realmente mal ese sujeto.
Rumores,
rumores, por donde quiera siempre hay rumores, la gente suele apegarse a ellos
por mera diversión y en este lugar, lo último que había era diversión, para
que, a nadie le importa la triste y repugnante vida de uno como nosotros, no es
que yo fuera como ellos, pero si me encontraba aquí es porque tampoco era como
los de afuera.
Esquizofrenia
aguda con tendencias paranoides en su grado crónico era lo que habían
dictaminado los especialistas, fui catalogado como loco inmediatamente, claro
que nadie se dio cuenta hasta que fue tarde, no mucho para mí, para mí nunca lo
fue porque aprendí a vivir con eso desde que era un niño tan solo, esas voces
en mi cabeza eran las únicas que me acompañaban donde quiera que yo iba, y no
es que fueran malas, no siempre las obedecí, yo las controlaba, no fueron culpables
de que ese día mi madre dejara huérfano a un niño de 15 años, y que minutos más tarde mi padrastro
alcohólico la alcanzara en el infierno, pero como nadie quiere a los huérfanos
es más fácil deshacerse de ellos, mucho más si se trata de un demente como yo,
por eso desde ese día deje de existir para el mundo, aunque quizá nunca existí.
El
domingo de vistas familiares… no entiendo porque lo siguen llamando así, si
saben que si estamos aquí es por culpa de esos que llamamos “familia” o incluso
estamos quienes de eso nada tenemos, nos hallamos igual aquí que afuera… solos.
Los
pasillos de nuevo fueron lavados esa mañana, el fresco aromilla del limpia
pisos aún se puede detectar, claro que aquí
a nadie le importa eso, quizá soy el único que le da importancia y es
capaz de identificar entre un lavanda-primavera o un brisa marina, el de esa
mañana era brisa marina, eso era bueno, siempre que el olor se impregnaba en mi
nariz me hacía divagar en cosas fantásticas y sueños tontos, siempre me había
imaginado como era sentir el verdadero olor de la brisa del mar, yo nunca
conocí el mar, aunque siempre había querido ir mis padres nunca me llevaron, recuerdo
que cuando yo tenía 5 años mi padre me había prometido llevarme y enseñarme a
nadar, claro que con los días quedaba claro que eso nunca iba a pasar, se
ocupada todo el tiempo de recordarme a la puta que tenía por madre, pasaron los
años y en su olvido quedó la promesa de algún día llevarme y enseñarme tantas
cosas como lo hubiera hecho cualquier padre con su hijo, mi padre cuando se lo
proponía era realmente un buen padre, lástima que esos instantes dejaron de
llegar cuando yo había cumplido los 6 años, desde entonces me vi solo, a los 10
años les pude decir un último “lo siento” porque fue la última cosa que
alcanzaron a escuchar cuando sus ojos aún retenían mi imagen en ellos.
-Changmin
deberías estar afuera como el resto de los internos, el día es hermoso afuera,
ven conmigo te buscaré un buen sitio, cualquier lugar es mejor que este ahora.
Como
si en ese lugar pudiera haber un “buen lugar” no lo había, desde que entre aquí
por primera vez hasta el día de hoy, nunca me había sentido a gusto, pero no
importaba, era el único lugar en el que podía estar, era mi casa, como ellos lo
decían.
Tal
como lo dijo el doctor, parecía un buen día y me dejo en una banquita junto a
la fuente cerca de los dormitorios, pronto me halle jugando con mis dedos en el
agua, fantaseando en las nuevas formas que mi mente maquinaba para escapar de
mi enfermero personal, ese que me habían asignado desde que intente ahogar en
la sopa a otro paciente, pero es que él se lo había ganado, no dejaba de
burlarse de mí y no dejaba de llamarme “marica”, además su voz chillona me
irritaba por demás, debo admitir que desde ese día ningún interno se metió
conmigo, pero los enfermeros eran otra cosa, yo sabía que ellos ponían
somníferos en mi bebida, ellos querían hacerme dormir por siempre, ellos
tampoco querían que yo estuviera ahí porque ellos fueron cómplices junto con
los psiquiatras que me habían revisado desde que llegue, ellos me observaban
todo el tiempo y me seguían, incluso cuando yo dormía ellos estaban ahí, yo lo
sabía, me vigilaban… por eso, trataba de no dormir durante la noche, no me iban
a tomar por sorpresa.
Las
duchas aquí no son muy cómodas, no me hace gracia tener que pararme en el mismo
sitio que esa bola de ridículos que hablan solos, mucho menos me hace gracia
tener que escuchar sus pláticas paranoicas, desde que yo llegue siempre opte
por darles por su lado, ellos eran los locos, con sus rumores cuchicheándose
asombrados y entretenidos, nunca les he prestado atención, pero ese día parecen
muy interesados en su nuevo entretenimiento, no como esa vez que los sorprendí
hablando de cómo es que las batas
blancas de los doctores, son disfraces para osos; esta vez hablan de alguien…
estoy seguro de que era lo mismo que hablaban en la mañana, un nuevo interno…
un loco más.
-Sí,
serio, te digo que lo metieron a la habitación de aislamiento.
-Uuuy,
entonces seguro hizo algo que a ellos les disgusto, ¡seguro él los descubrió!
-¡Ya!
Yo tenía razón… el encontró la clave para vencerles al fin.
-No
sé, pero dicen que es muy joven.
-¡Yo
lo vi! Sí que lo es, pero a mí no me pareció que fuera lo que decían.
-Eso
ni de broma ¡dicen que está loco!
-No,
dicen que se comió a su perro.
-Pues
yo no sé, pero quiero verlo.
-Es
peligroso, por eso lo han aislado, dicen que mato a su mejor amigo, yo mejor ni
le hablaré…que tal y si nos mata a todos.
-Waaaa
eso es horrible, porque si nos mata a todos no habrá con quien pueda jugar
jajaja j aja ja
Platicas
de locos, ya lo decía yo, siempre buscan la manera de pasar el rato, por eso es
que me gusta estar solo.
Los
pasos de los enfermeros y doctores al fin han cesado, se escucha el silencio
usual de la media noche, pero yo no debo dormir, ellos pueden venir a por mí,
será mejor que me vaya a mi escondite, solo ahí estaré a salvo como lo he
venido haciendo desde hace 5 años que ingresé a este lugar luego de haber sido
internado en varios.
El
suelo es frió, se me olvidaron las sandalias… otra vez, mis pasos deben ser
cautelosos si no, ellos me pueden encontrar.
-Sujétalo
con cuidado, lo llevaremos a su cama, creo que el medicamento le mantendrá
tranquilo, recuerda que lo dijo el médico, lo mantendremos vigilado por
cualquier cosa.
-Sí,
vaya con este tipo, si hasta parece inofensivo.
-Que
no te engañe, recuerda eso de “caras vemos, enfermedades mentales no sabemos”
puede que parezca inofensivo, pero recuerda porque está aquí.
¡Oh
no! Los enfermeros casi me descubren, suerte que ahora estén tan ocupados, de
haberme descubierto me habrían llevado a la celda acolchonada, de nuevo, pero
al fin logro colarme a los jardines de la azotea, quizá soy el único que ha
visitado esos lugares, a ningún paciente se nos permite el acceso a estos, no
porque sea peligroso, sino porque ni siquiera está en condiciones dignas de un
jardín, todas las noches que puedo subir, me gusta ocuparme en ordenar un poco,
cortando las enredaderas y malas hierbas, ahora luce mucho mejor que cuando
entre por primera vez, no es muy bonito, pero hice lo que pude y es el único
lugar donde me siento a salvo por las noches, incluso aquellas de tormenta, el
domo me protege de los rayos.
Continuara...
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