Tuve
suerte de haber podido estar en mi cama cuando el enfermero entro con mis
medicamentos, con lo ocupado que estuve mientras me limpiaba la tierra de las
uñas y ropa que se había quedado tras improvisar unas macetas, se me fue la
noción del tiempo y para cuando me percate ya el sol estaba saliendo, así que
baje cautelosamente de nuevo y me cole a mi dormitorio, me sorprendió el hecho
de que la puerta después de la mía tuviera luz por dentro, hasta donde yo sabía
nadie ocupaba esa habitación, pero no preste atención y entre a cambiarme de
ropas.
-¡Changmin!
Amigo mío, es hora de tu pre desayuno, tómala, que te tengo buenas noticias
-como si pudieran haber noticias buenas para mí.
-¿Buenas
noticias? No me digas, acaso es que ¿descubriste que lo tuyo no es la
enfermería y al fin te decidiste a tomar cursos de ballet? ¿te vas a largar al fin? Eso sería estupendo,
lástima que los perros no sepan bailar, necesitaras un curso muy bueno para que
aprendas eh.
-Ja
j aja ¿Ya te había dicho lo gracioso que eres?
-No,
pero bien puedes meterte tu comentario por el culo y dejar de joderme- este tipo
no es mucho de mi agrado, si los otros enfermeros me molestan este es peor,
desde que lo asignaron aquí no ha hecho más que molestarme con comentarios
estúpidos y homosexuales.
-Hay
vamos Changminnie, sabes que lo que me gustaría meterme es otra cosa, lástima
que estés tan loco y no te decidas.
-Ándate
de puta con otros que a mí me importan una mierda tus asquerosas fantasías
guarras –uno de estos días juro que este maldito iba a amanecer empalado en uno
de los pasillos.
-Bueno,
ya, ¿Qué crees? Ya tienes vecino aquí a lado, es un nuevo paciente, así que mis
vistas por esta zona van a ser más frecuentes eh, por órdenes del director
tengo que estar viniendo a verle, al parecer necesita observación… además, me
enteré de que es simpático y muero por conocerlo, lo hubiera hecho ya pero
quería decirte que no te vayas a poner celoso eh Minnie, ya sabes que tu eres
especial.
-Pues
anda y follatelo como lo has hecho con todos los locos que te dan entrada, me
importa una mierda tu puta vida.
-Hay
¡amargado! Yo que vengo a ponerte al tanto y tu siempre tan agrio como siempre,
si sigues así ya no te voy a pasar más libros –me dice enseñándome uno nuevo
entre sus dedos, eh de admitir que aunque mi enfermero personal muchas veces me
calienta la cabeza, es el único que me ha dado algo para entretenerme aquí,
cada que viene me trae un libro nuevo, de no ser por esa parte, no sé en que
ocuparía mi mente, quizá ya lo hubiera castrado al infeliz.
-Bueno
ya, anda que tu nuevo paciente te espera –tomo el libro y le veo salir, poco
rato después, justo cuando paso de la introducción al primer capítulo, escucho
que la puerta de lado se abre, lo más extraño es que escucho unos sollozos, la
voz me es familiar, es Kris, mi enfermero personal y maricón.
Momentos
de silencio nuevamente, todo en calma de nuevo, creo que alucino cosas otra
vez, siempre me pasa con los efectos de las pastillas y me quedo dormido.
Dos
días han pasado y he terminado el libro que me dejo Kris, ya no tengo nada que
hacer, es más, me extraña aún más porque ayer ni siquiera vino Kris a dejarme
las pastillas, vino otro enfermero y hoy, ni siquiera ha venido el otro,
supongo que se les olvido, no sería la primera vez que lo hacen, así que me
levanto y voy a buscar algún doctor, ellos se ocuparan de Kris luego.
Esta
mañana es particularmente nublada, el clima es frió, o deben ser de nuevo los
efectos de las píldoras, prácticamente tengo que vivir drogado con tanto
medicamento, órdenes del doctor para evitar que yo recaiga en una crisis,
aunque para ser sincero, hace tiempo que no tengo recaídas.
Comienzo
a bostezar, me entran ganas de dormirme y dado que me veo solo en el solitario
pasillo, me da igual si me quedo dormido ahí.
-Te
harás cubito de hielo ahí.
Una
voz me saca del sueño en el que me hallaba, no la reconozco, pero igual es
molesto que alguien me despierte cuando al fin estoy logrando un sueño
tranquilo, donde no soy vigilado ni perseguido.
-Perdona
si te desperté, pero es que te vi desde que te quedaste dormido y pensé que no
lo harías pero dado que comenzó a hacerse el frió por este clima y vi que no te
movías, opte por cubrirte con mi suéter.
Me
sonrió, era un chico al que jamás había visto antes, pero que llevaba las
mismas ropas blancas que llevamos todos los internos, aunque su mirada, no
parecía de un paciente precisamente de ese lugar, su sonrisa lo completaba
todo, parecía un sujeto normal y ahí estaba, sonriendo y sentado frente de mí,
me observaba con sus ojos claros, lo hacía de una forma que no me hacía sentir
incomoda, de hecho me intrigaba la confianza con que hablaba, el no me conocía
y parecía como si me conociera perfectamente. Eso fue extraño, porque yo le
devolví la sonrisa y estrechamos la mano.
-Soy
nuevo aquí y no conozco a muchos, pero tú me caes bien.
-Ah,
yo no sé quién seas, pero yo soy Changmin, Shim Changmin.
-Encantado
Changmin, yo soy Junsu, Kim Junsu.
No
supe explicar lo que paso, pero de cierto modo, el me daba la sensación de
haberlo visto antes, sentí que ya le conocía.
Luego
de esa extraña presentación, el clima empeoro y comenzó a llover, por lo que
nos ordenaron ir a nuestras habitaciones, Junsu y yo pensamos en caminar de
compañía hasta nuestras respectivas habitaciones, pero un enfermero llego a por
él, diciéndole que el director necesitaba hablar con él, así que yo me fui tal
y como lo habían ordenado, a mi habitación.
Juro
que cuando me di la vuelta y me eche a andar hacia mi habitación pude sentir
sobre la nuca esa sensación que da cuando alguien nos observa, sólo que esta
vez no me di cuenta que no era un síntoma del medicamento ni de mi
esquizofrenia, en efecto, alguien me observaba y la piel se me erizo.
La
lluvia parecía que duraría toda la noche, había mucho ruido y yo no iba a
dormir de nuevo, los rayos no me gustaban… la cama no era segura cuando llovía,
decidí ir a mi escondite, esta vez no se me olvidarían los zapatos, cogí mi
grueso suéter y me puse en camino a la azotea.
De
camino, tuve que tomar un atajo porque uno de los enfermeros estaba por el
pasillo que llevaba a las escaleras para la azotea así que tome otra ruta,
suerte que llevaba ahí bastante tiempo en ese lugar, lo que me permitía moverme
libremente por entre los pasillos y corredores cuando me quería escapar o
esconder para estar solo; tuve que atravesar el comedor y luego las salas de
los consultorios, de nuevo esa sensación de ser observado y opte por no detener
mi paso, al fin pude ver las escaleras
de servicio que llevaban a la azotea, mi escondite, el único lugar donde me
daba lo mismo que estuviera lloviendo a cantaros y que los rayos acabaran con
todo, ese era el único lugar que me hacía sentir a gusto y me hacía olvidar que
yo era un interno más en ese hospital de locos.
Continuara...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario