martes, abril 22, 2014

CAPITULO 2


Tuve suerte de haber podido estar en mi cama cuando el enfermero entro con mis medicamentos, con lo ocupado que estuve mientras me limpiaba la tierra de las uñas y ropa que se había quedado tras improvisar unas macetas, se me fue la noción del tiempo y para cuando me percate ya el sol estaba saliendo, así que baje cautelosamente de nuevo y me cole a mi dormitorio, me sorprendió el hecho de que la puerta después de la mía tuviera luz por dentro, hasta donde yo sabía nadie ocupaba esa habitación, pero no preste atención y entre a cambiarme de ropas.

-¡Changmin! Amigo mío, es hora de tu pre desayuno, tómala, que te tengo buenas noticias -como si pudieran haber noticias buenas para mí.

-¿Buenas noticias? No me digas, acaso es que ¿descubriste que lo tuyo no es la enfermería y al fin te decidiste a tomar cursos de ballet?  ¿te vas a largar al fin? Eso sería estupendo, lástima que los perros no sepan bailar, necesitaras un curso muy bueno para que aprendas eh.

-Ja j aja ¿Ya te había dicho lo gracioso que eres?

-No, pero bien puedes meterte tu comentario por el culo y dejar de joderme- este tipo no es mucho de mi agrado, si los otros enfermeros me molestan este es peor, desde que lo asignaron aquí no ha hecho más que molestarme con comentarios estúpidos y homosexuales.

-Hay vamos Changminnie, sabes que lo que me gustaría meterme es otra cosa, lástima que estés tan loco y no te decidas.

-Ándate de puta con otros que a mí me importan una mierda tus asquerosas fantasías guarras –uno de estos días juro que este maldito iba a amanecer empalado en uno de los pasillos.

-Bueno, ya, ¿Qué crees? Ya tienes vecino aquí a lado, es un nuevo paciente, así que mis vistas por esta zona van a ser más frecuentes eh, por órdenes del director tengo que estar viniendo a verle, al parecer necesita observación… además, me enteré de que es simpático y muero por conocerlo, lo hubiera hecho ya pero quería decirte que no te vayas a poner celoso eh Minnie, ya sabes que tu eres especial.

-Pues anda y follatelo como lo has hecho con todos los locos que te dan entrada, me importa una mierda tu puta vida.

-Hay ¡amargado! Yo que vengo a ponerte al tanto y tu siempre tan agrio como siempre, si sigues así ya no te voy a pasar más libros –me dice enseñándome uno nuevo entre sus dedos, eh de admitir que aunque mi enfermero personal muchas veces me calienta la cabeza, es el único que me ha dado algo para entretenerme aquí, cada que viene me trae un libro nuevo, de no ser por esa parte, no sé en que ocuparía mi mente, quizá ya lo hubiera castrado al infeliz.

-Bueno ya, anda que tu nuevo paciente te espera –tomo el libro y le veo salir, poco rato después, justo cuando paso de la introducción al primer capítulo, escucho que la puerta de lado se abre, lo más extraño es que escucho unos sollozos, la voz me es familiar, es Kris, mi enfermero personal y maricón.

Momentos de silencio nuevamente, todo en calma de nuevo, creo que alucino cosas otra vez, siempre me pasa con los efectos de las pastillas y me quedo dormido.




Dos días han pasado y he terminado el libro que me dejo Kris, ya no tengo nada que hacer, es más, me extraña aún más porque ayer ni siquiera vino Kris a dejarme las pastillas, vino otro enfermero y hoy, ni siquiera ha venido el otro, supongo que se les olvido, no sería la primera vez que lo hacen, así que me levanto y voy a buscar algún doctor, ellos se ocuparan de Kris luego.

Esta mañana es particularmente nublada, el clima es frió, o deben ser de nuevo los efectos de las píldoras, prácticamente tengo que vivir drogado con tanto medicamento, órdenes del doctor para evitar que yo recaiga en una crisis, aunque para ser sincero, hace tiempo que no tengo recaídas.

Comienzo a bostezar, me entran ganas de dormirme y dado que me veo solo en el solitario pasillo, me da igual si me quedo dormido ahí.

-Te harás cubito de hielo ahí.

Una voz me saca del sueño en el que me hallaba, no la reconozco, pero igual es molesto que alguien me despierte cuando al fin estoy logrando un sueño tranquilo, donde no soy vigilado ni perseguido.

-Perdona si te desperté, pero es que te vi desde que te quedaste dormido y pensé que no lo harías pero dado que comenzó a hacerse el frió por este clima y vi que no te movías, opte por cubrirte con mi suéter.

Me sonrió, era un chico al que jamás había visto antes, pero que llevaba las mismas ropas blancas que llevamos todos los internos, aunque su mirada, no parecía de un paciente precisamente de ese lugar, su sonrisa lo completaba todo, parecía un sujeto normal y ahí estaba, sonriendo y sentado frente de mí, me observaba con sus ojos claros, lo hacía de una forma que no me hacía sentir incomoda, de hecho me intrigaba la confianza con que hablaba, el no me conocía y parecía como si me conociera perfectamente. Eso fue extraño, porque yo le devolví la sonrisa y estrechamos la mano.

-Soy nuevo aquí y no conozco a muchos, pero tú me caes bien.

-Ah, yo no sé quién seas, pero yo soy Changmin, Shim Changmin.

-Encantado Changmin, yo soy Junsu, Kim Junsu.

No supe explicar lo que paso, pero de cierto modo, el me daba la sensación de haberlo visto antes, sentí que ya le conocía.

Luego de esa extraña presentación, el clima empeoro y comenzó a llover, por lo que nos ordenaron ir a nuestras habitaciones, Junsu y yo pensamos en caminar de compañía hasta nuestras respectivas habitaciones, pero un enfermero llego a por él, diciéndole que el director necesitaba hablar con él, así que yo me fui tal y como lo habían ordenado, a mi habitación.

Juro que cuando me di la vuelta y me eche a andar hacia mi habitación pude sentir sobre la nuca esa sensación que da cuando alguien nos observa, sólo que esta vez no me di cuenta que no era un síntoma del medicamento ni de mi esquizofrenia, en efecto, alguien me observaba y la piel se me erizo.

La lluvia parecía que duraría toda la noche, había mucho ruido y yo no iba a dormir de nuevo, los rayos no me gustaban… la cama no era segura cuando llovía, decidí ir a mi escondite, esta vez no se me olvidarían los zapatos, cogí mi grueso suéter y me puse en camino a la azotea.


De camino, tuve que tomar un atajo porque uno de los enfermeros estaba por el pasillo que llevaba a las escaleras para la azotea así que tome otra ruta, suerte que llevaba ahí bastante tiempo en ese lugar, lo que me permitía moverme libremente por entre los pasillos y corredores cuando me quería escapar o esconder para estar solo; tuve que atravesar el comedor y luego las salas de los consultorios, de nuevo esa sensación de ser observado y opte por no detener mi paso,  al fin pude ver las escaleras de servicio que llevaban a la azotea, mi escondite, el único lugar donde me daba lo mismo que estuviera lloviendo a cantaros y que los rayos acabaran con todo, ese era el único lugar que me hacía sentir a gusto y me hacía olvidar que yo era un interno más en ese hospital de locos.



Continuara...

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