Nunca
fui de los niños más sociables de mi barrio, sino lo contario, siempre me
hallaba solo, no me desagradaba del todo, prefería eso a que luego se burlaran
de mi por imaginar voces que no existían, esos niños nunca lo entenderían, para
ellos bastaba jugar a las escondidas o la pelota y todo está bien, a veces me preguntaba,
si tan solo uno de ellos me hubiera hablado, si tan solo uno de ellos hubiera
sido un verdadero amigo, quizá… todo hubiera sido distinto, pero eso no iba a
ser así, por eso prefería estar solo, con mis voces, claro.
En
el colegio no cambiaban mucho las cosas, en el descanso cuando los niños
usualmente juegan o corren unos tras otros, comparten el lunch o una que otra
anécdota divertida no era algo de lo que yo formara parte, no es que yo fuera
raro o aburrido, es que ellos no me lo permitían, por eso siempre preferí
aislarme de todos, nadie me iba a catalogar como loco si nadie me conocía, así
que me fui donde nadie me viera, a mi lugar secreto donde estaba a salvo, me
senté en la pata del árbol como lo hacía diario, pero había algo que el resto
de los días no, una nota con mi nombre escrito.
“Me
caes bien, pero soy tímido… me gustaría que fuésemos amigos, pero ha visto que
te apartas de todos así que he decidido por dejarte una nota todos los días,
así podremos hablar, si quieres me puedes dejar una nota también, puedes
contarme lo que sea”
Sin
saber de dónde vino, o quien había dejado la nota, supuse que se trataba de una
broma y la guarde para tirarla a la basura luego, pero al otro día no solo
halle otra nota más, sino que había una pequeña cajita y leí otro mensaje.
“Hoy
mi mamá hizo tarta de manzana y no es por nada pero le queda deliciosa, te
traje un trozo, disfrútala, así mientras descansas podrás comer algo, es
divertido hacer esto, espero algún día me escribas si te ha gustado la tarta”
Conforme
pasaban los días, las notas en mi árbol seguían apareciendo, solo que nunca
supe de quien se trataba y esta vez le conteste, deje la nota y fui de regreso
a clases.
Al
día siguiente encontré una tarta entera, con otra nota que decía “Si te ha
gustado un trozo, espera a probar una completa, es toda tuya… solo que esta vez
no la hizo mamá, la he hecho yo J Gracias Changmin”
El
ciclo escolar estaba por terminar y me entristecía un poco saber que ya no iba
a poder llegar a la hora del descanso u encontrar una nota más de mi nuevo
amigo anónimo, la verdad es que nunca me había preguntado quien era, pero el
hecho de que yo sabía que tendría que esperar hasta volver a clases de nuevo
para leer un mensaje suyo, me angustiaba, era el único amigo que me escribía
sin importarle que yo fuera raro, así que le pedí que nos viéramos.
La
respuesta fue inmediata y quedamos en vernos ese mismo día por la tarde en un
viejo parque que quedaba como a tres cuadras del colegio, la idea de conocer a
mi primer amigo, que no temía por mis repentinos cambios de actitud y me
juzgaba de loco, me emocionaba pero a la
vez atemorizaba, porque si él me conocía realmente y veía que yo no era como el
resto de los niños, me iba a rechazar y se alejaría como todos llegando a
burlarse, porque claro, también los niños son crueles.
Al
llegar a casa lo primero que hice fue deshacerme del uniforme y ponerme algo más
cómodo, pero al entrar vi que la puerta estaba abierta, supuse que mi padre
estaría por ahí, no era de extrañarse, si no trabajaba que más podía hacer,
quedarse a dormir y ver televisión mientras bebía de su cerveza, así que entré
sigiloso y sin hacer ruido, no quería que me apaleara por interrumpir sus
estúpidos programas, o porque la cerveza se había terminado otra vez, se me
ocurrió una idea mejor, entrar por una vieja escalera que colgaba debajo de mi
ventana y una vez dentro bote mi mochila sobre la cama.
En
la cocina se escucharon ruidos, alguien más había llegado al parecer, quizá mi
madre había salido temprano del trabajo, era raro porque ella casi nunca estaba
en casa y así lo prefería yo, no quería a esa puta durmiendo bajo el mismo
techo que yo, era una ramera que se vendía con los hombres a cambio de dinero o
un porro, casada con un alcohólico inútil, al que solo usaba para hacer pasar
como padre de su estúpido hijo, claro
que yo no era tan estúpido como ella pensaba, desde hacía tiempo que yo ya
sabía toda la verdad, él no era mi padre y ella nunca me había querido, claro
que no podía decirle que el sentimiento era mutuo y que no se preocupara por
mí.
Pero
abajo, los ruidos se escuchaban de nuevo como si los paltos se rompieran, mi
curiosidad me pudo más y me fui acercando con cuidado, si eran mis padres, ni siquiera
se preocupan por el ruido que hicieran, porque ni sabían que yo estaba en casa,
aunque para ser sincero, nunca les había importado hacer el ruido que ellos
gustaran aunque yo estuviera en casa, pero esta vez eran ruidos diferentes a
los grotescos de otras veces, era como si alguien estuviera peleando, pero no
como las otras veces, algo no iba bien, lo supe entonces.
Dicen
que cuando eres niño y tienes un episodio de alto impacto, este te afecta de
maneras muy diferentes, el caso es que cuando estás acostumbrado a todo tipo de
sucesos y no eres la persona más normal sobre la tierra ¿Cómo te afecta?
En
la sala en efecto había rastros de que mi padre había estado tomando cervezas,
había bastantes botellas sobre la mesita, pero estaba además un abrigo rojo,
era de mi madre; un nuevo ruido, era como si alguien buscara algo entre los
cubiertos, me acerque… y lo vi todo, ahí comenzó todo, si no es que ya había
empezado.
Los
latidos de mi corazón eran desbocados, alguien me estaba buscando, podía
escuchar cómo me llamaba, tenía miedo, autentico terror… no podía dejar que me
encontraran, quería desaparecer realmente, ellos no podían encontrarme y corrí,
corrí tan lejos como pude hasta que
sentí pesado el cuerpo y me di cuenta que estaba lloviendo.
Solo
supe que tenía que huir, lejos de todo, lejos de ellos y de pronto todo se
volvió obscuro y desperté.
Abrí
los ojos al instante, la camisa del pijama estaba pegado a mi piel por el sudor
de mi cuerpo, la respiración me era muy agitada, pero eso era lo de menos… ahí
estaba de nuevo ese sentimiento tan vivo, como si aquello hubiera sido real,
todo estaba de pasando de nuevo, las voces en mi cabeza me atormentaban esa
noche, los rayos parecían que al fin se colarían por la ventana y me matarían,
pero no, eso no podía ser tan fácil, sé que no podría morir tan fácil alguien
como yo no puede simplemente dejar de respirar tan rápido, por eso estaba en
ese lugar, destinado a vivir para ser atormentado por los fantasmas y recuerdos
de otra realidad, mi realidad.
-Changmin
¿Sucede algo? Esta mañana ni siquiera tocaste tu almuerzo, ¿de plano estaba tan
mal?
Habían
pasado dos noches desde esa crisis que tuve, pero fue aterradora, hacía mucho
que no tenía una así, algo no iba bien, quizá el medicamento no estaba funcionando,
esa tarde cuando hablara con el psiquiatra le pediría que aumentara la dosis,
aunque me iba a preguntar el porqué, no le iba a contar sobre lo de esa noche,
nunca se lo había dicho ni se lo iba a decir nunca, era algo que prefería no
saber, pero desgraciadamente volvía a mí.
-Changmin,
¿Ya me vas a decir?
-¿Eh?
-Llevo
hablándote desde hace rato y tu ni me pelas ¿Estás bien?
-¿Quién
aquí lo está Junsu?
No
es que quisiera ser grosero con Junsu, pero no me sentía con ánimos de hablar
con nadie, me levante y fui hacia mi dormitorio; arroje el grueso suéter a la
silla a lado de mi cama, me tumbe, quería dormir, tenía sueño, pero desde hacía
dos noches que no lograba dormir, no quería hacerlo, tan solo me quede tumbado
sobre la cama y ni cuenta me di de que alguien me observaba.
Evi Vine
Inside Her
-Ya…
escucha, sé que no debería preguntarte esto pero, ¿Quieres hablar conmigo de
algo Changmin?
-¡Junsu!
¿a qué hora? ¿Co-como entraste?
-Pues,
veras, hace rato me dejaste hablando solo y últimamente estas más raro que de
costumbre, estoy preocupado por ti-se acercó a mí, sentándose en un lado de la
cama-
-Que
es lo que puedo tener, nada, todo, no sé… son cosas que pienso
-No
será por lo que te dije el otro día ¿o sí?
-¿Qué
cosa? ¡Ah! No, no como crees, no es eso
-Hum,
bueno, yo pensé, es que después de que te lo dije… no volvimos a tocar el tema,
es más ni siquiera terminamos de hablar
-Ah,
no te preocupes –me encogí de hombros y mire al techo-
-Sí,
me preocupo, me preocupo por ti
-No
tienes de que preocuparte Junsu, ya te lo dije
-Sí,
me lo dijiste, pero no dejo de pensar en aquello… al menos ¿podría pedirte algo
Changmin?
-Claro…
¿Qué cosa?
-¿Podrías
cerrar los ojos?
-¿Para
qué? –a veces Junsu hacía o decía cosas sin un lógico sentido, pero no eran de
las cosas que me resultaran tontas, no con él, pero de alguna manera yo
terminaba haciendo lo que él me pedía por mas ridículo que fuera y ahí estaba
de nuevo, obedecí-
-¿Qué
sientes? –el tacto de su mano sobre mi frente era suave, sus dedos eran
delicados y se movían con tanta lentitud que me permitían relajarme con sus
movimientos, me revolvió el cabello suavemente y automáticamente los músculos
de mi espalda se destensaron, sus manos eran suaves, tibias y rozaban mis
mejillas, supuse que así se debían de sentir las caricias de una madre, de un
hermano, de un verdadero amigo, me gustaba, por primera vez me sentí como si
perteneciera a eso bonito de que todo el mundo habla, ser querido, porque había
alguien a quien aparentemente le importaba, le preocupaba-
Tome
por inercia aquella mano que se paseaba por mi cabeza, me tome la libertad de
tocarla con ambas manos, palparla, sentirla, ver que era real, lo era, muy
suave y la mantuve con mis dos manos, me gustaba su tacto, muy delicado
conmigo, delicado como su dueño… y abrí los ojos para encontrarme con una
mirada tan suave como esa caricia, no había más que esos ojos que me miraban,
quería sentir de nuevo ese suave gesto pero no podía apartar la mirada, es como
si de pronto estuviera delante de mí aquello por lo que siempre busque, como si
Junsu se tratara de alguien a quien conociera de hace mucho tiempo, me sonreía
y era fenomenal, una sonrisa enfermamente hermosa, ya no era Junsu quien estaba
ahí, es como si me hubiera visto a mí mismo en esos días que llegue a sentirme
feliz.
Le
tome por la barbilla, quería saber de dónde venía esa imagen que él me daba,
quería saber porque su tacto me era tan
cómodo, tan placentero, me resultaba tan familiar y tan extraño a la vez, que
no me importaba nada más que lo que estaba pasando, mis labios se sellaron con
los suyos en un suave roce, sus ojos se cerraron, no me rechazó y lo peor, es
que no me había resultado desagradable sino todo lo contrario, pude sentir su
aliento sobre mis labios, estaba agitado, un poco nervioso, pero no me
rechazaba, cerré los ojos de nuevo, esta vez sin que él me lo pidiera y probé
otra vez el calor de sus labios, su mano se posó detrás de mi cabeza y lo besé
de nuevo, esta vez mas allá de un suave roce.
Continuara...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario