jueves, mayo 01, 2014

EPILOGO

Evanescence Field Of Innocence

Dicen que cuando mueres toda tu vida pasa delante de tus ojos, pero no, ese no era el caso, cuando mueres únicamente ves lo que quieres ver, el recuerdo que quieres mantener en tu mente antes de partir a ningún lado, aquello que quieres atesorar hasta la eternidad.

Si has encontrado algo que nunca buscabas, no le dejes ir, recuerda que en esta vida nada pasa porque sí, ni nadie llega porque sí.

Hay personas que llegan a nuestra vida y se van del mismo modo que entran, pero existen otras que llegan para quedarse por siempre, ya sea como un bonito recuerdo o como una bonita presencia, las circunstancias las decides tú, si estás dispuesto a formar parte de su vida, le dejarás que forme parte de la tuya, la diferencia está en hasta dónde quieres que esa persona llegue en tu vida,  ¿Qué es lo que dejaría que hiciera por ti? ¿Qué harías tú por ella?

Llámenme loco, estúpido si quieren, pero si yo tuviera la oportunidad de escapar, de vivir de nuevo mi vida, haría exactamente lo que he hecho, le buscaría de nuevo, le permitiría entrar en mi vida de nuevo aunque me rompiera otra vez, solo cambiaría una cosa… el hecho de nunca haber dicho lo que sentía cuando quise decirlo.

Entonces quise atesorarle a él, quise llevarme su última sonrisa, su último te amo en mis oídos, su último beso entre mis labios y quise seguirle a donde sea que él fuera.

Tome el arma que yacía a un lado de su cuerpo, estaba cargada, lista para disparar, era la misma arma que hasta hace unos momentos me hubiera quitado la vida, que ironía.

Por ese memento no hubo voces que me dijeran que hacer, esto lo hacía porque yo quería, le iba a alcanzar, se lo dije, no iba a ningún sitio sin no era con él, se había ido y yo le iba a alcanzar, en el infierno, en otra vida, no lo sé, pero le iba a alcanzar.

-¡Las manos donde pueda verlas! ¡Suelta el arma y ponla en el suelo! Escucha muchacho, estas rodeado, lo sabemos todo, no te queremos muerto, tú no eres el malo aquí, deja el arma junto al cuerpo.


Les escuchaba, pero mi mente no estaba ahí, es como si aquellas voces que siempre vivieron en mi cabeza hubieran bloqueado todo y de pronto deje de escuchar, solo había silencio, como otra veces esta vez no había obscuridad, solo estaba el, me había sumergido en mi peligrosa locura.



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